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En rostro de niños, sonrisa de Isla

Frente a la doctora que cuida de su salud en la comunidad El Mincin, de este municipio, el rostro de Evian Daniel invita a soñar. Es como un laurel para quienes hacen posible que neonatos como él, a pesar todo, sonrían.

Son 614 cubanitos los venidos al mundo en los últimos 27 meses en las sierras intrincadas de San Antonio del Sur, en el centro-Este guantanamero. Y de veras que da fuerza ver este o aquel sano balbuceo, esta o aquella sonrisa.

Paisaje de plurales significados parecen esas caritas, augurios, complicidad, razones, certezas, guiño de los que, recién llegados al mundo entre sinsabores, no han tenido que saborear los amargos días de estos tiempos, porque su Isla no deja que las espinas del mal lastimen la inocencia.  

Y claro, Evian Daniel no sabe de eso. ¿Qué puede entender de causas y efectos una mente de apenas seis meses? A ese tiempo, un niño no distingue entre bondad y maldad. A las angustias sencillamente les da perretas, y al bienestar le sonríe.

UN «JUEGO» POR LA VIDA, AL DURO

Si de béisbol se tratara, 3.84 pasaría como un guarismo aceptable logrado desde una lomita. Pero, visto como índice de mortalidad infantil, máxime, gestionado en sitios poco accesibles, entre lomas empinadísimas, tal cifra denota la supremacía de la vida sobre la muerte, y lo que unida puede la voluntad.

De 3.84 por cada 1000 nacidos vivos fue la tasa de mortalidad infantil de San Antonio del Sur en el 2025.

En el planeta nuestro -incluidas naciones desarrolladas y geografías menos escabrosas- muy pocos logran supervivencias de ese calibre en la primera infancia.

San Antonio del Sur, casi en el extremo Este de Cuba, a más de 1100 kilómetros de la capital de un país imposibilitado de adquirir alimentos, hidrocarburos, medicinas e insumos médicos, la alcanzó; su mérito es, por eso, más relevante.

EN BUSCA DEL CÓMO

El sueño de Evian Daniel «es estable», y su buen ánimo, «permanente». Lo testimonia Katherine, la madre, de apenas 23 años, en el Consultorio Médico de la Familia, El Mincín, uno de los 42 existentes en el municipio; 24 de ellos en escenario rural, incluidos siete en zonas de difícil acceso, pero todos cubiertos por médicos y enfermeras.

Los brazos de la madre primeriza sostienen al bebé, mientras lo examina la doctora Gretel Susana Colás Fuente, joven especialista en Medicina General Integral, con seis años de experiencia en esos menesteres.

«Tengo gestantes y madres disciplinadas, algo que en otras áreas no es muy común -alaba Gretel Suzana. Se dejan guiar en el embarazo y en el cuido de sus bebés. Otra cosa buena es la presencia de padres en las consultas. Ayuda mucho esa responsabilidad compartida», dice, y vuelve los ojos al niño.

«¿Cómo duerme?» «¿Algún comportamiento anormal?» La madre responde. La doctora ausculta, examina la piel, el abdomen, la anatomía del pequeñín intranquilo. Y de nuevo pregunta: «¿la caquita, la hace normal?».

Después observa los ojos de Evian Daniel, coteja el peso y la talla, hojea un cuaderno, hurga en anteriores apuntes, compara y... «muy bien» celebra, a modo de conclusión.

El tono y las pausas de sus preguntas, y el bojeo detallado por la anotomía del pequeño, arrojan luz sobre los porqués del bajo índice de mortalidad infantil en San Antonio del Sur.

ENTRE LOMAS Y VALLES, DEL PRIMERO AL NOVENO

«A cada gestante le damos seguimiento desde el mes uno hasta el nueve, y después», sostiene el doctor Madiel Cobas Matos, al frente de la Salud en el municipio de algo más de 23 000 habitantes y 585 kilómetros cuadrados de superficie quebrada.

«Hay que trabajar duro y bien, mes a mes, jornada a jornada hasta el parto, y más allá; el error o el descuido de un solo día, incluso, de un instante, pueden echar a perder el trabajo de nueve meses o un año. Por eso tenemos que controlar en sus diferentes fases todos los procesos del Programa Materno Infantil (Pami)».

Madiel habla como quien fue, antes que mánager, jugador en terreno adverso y es ahora, curtido por la experiencia, estratega de un «juego» que demanda «sensibilidad, entrega, ciencia, pericia y pasión infinitas». El rival en este caso es «la muerte. Son meses de labor constante, enfrentados a obstáculos y factores de riesgo».   

Nueve capítulos que demandan «coordinación y disciplina colectiva de equipo -interviene la Doctora Ismandra Matos Matos, timonel del (Pami)  acá-. Este trabajo es complejo y siempre plantea inconvenientes».

—  ¿Como cuáles?

—«El relieve, por ejemplo, además de la escasez de recursos derivada del bloqueo estadounidense. Tenemos gestantes en lugares como Guaivanó, Puriales de Caujerí, El Chote, Viento Frío, Dos Brazos y Mameyal; sitios a los que resulta bastante difícil llegar en tiempos normales y mucho más con la situación actual del transporte».  

—  ¿Qué hacen en esos casos?

—«Ya rescatamos el hogar materno de la cabecera municipal, donde ahora mismo tenemos cinco gestantes traídas de las montañas, sin contar otras diez en la institución homóloga de Guantánamo, y seis en el Hospital General Docente, Doctor Agostino Neto, ingresadas por diabetes, hipertensión, o amenazas de parto a pretérmino».

La «seña» en este esquema de «juego» corre a cargo de Malvis, enfermera que, según Madiel, es los ojos y oídos del municipio en otras instituciones sanitarias de la provincia, «donde pernoctan embrazadas sanantonienses, sin que les perdamos el rastro».

FORTALEZAS Y DESAFÍOS

Disponer de un hogar materno con 20 capacidades, a San Antonio del Sur le permite ingresar gestantes portadoras de riesgos, y darle mejor tratamiento.

«A las que presentan ganancia insuficiente de peso, por ejemplo, aquí se le refuerza la dieta hasta eliminar el problema», dice Madiel. El inmueble también aloja pacientes cercanas al parto, para evitar que las sorprenda ese momento en la serranía.

Precisamente, el bajo peso al nacer y el embarazo en la adolescencia -coinciden Madiel e Ismandra- figuran entre los factores más hostiles al Pami en San Antonio del Sur. De los 264 nacidos durante el 2025   -refieren-, 52 fueron de adolescentes, y 22 resultaron bajo peso.

Hablan de charlas educativas en coordinación con centros estudiantiles, entre otras acciones contra una tendencia a la que es preciso poner freno.

Otro asunto difícil, añade Ismandra, es manejar a las gestantes del llano. «En ese aspecto -dice-, a diferencia de las que viven en las montañas, son complicadas».

«Las de allá arriba se alimentan mejor, en general tienen más ganancia de peso, y sin embargo, no ponen reparos para ingresar al hogar materno. Las del llano sí hacen resistencia al ingreso. Esas cosas nos retan».

San Antonio del Sur no le quita el ojo de encima a sus 56 recién nacidos del año actual, ni a los 98 que ya se retuercen en sus vientres maternos. De eso también el doctor Madiel dio detalles. Los ojos de Evian Daniel, mientras tanto, parecían hacerle un guiño al futuro.

Miraban como dos soles, como si entendieran los humanos desvelos que dibujan sonrisas de Isla en rostros de niños, o si supieran que nadie logrará entrar aquí a destrozar la esperanza.     

Palabras clave:

Rostro,niños, Isla

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